3.- Fundamentos de la Pastoral Social

 

El primer fundamento de la enseñanza social católica es el mandamiento proclamado por Jesús de amar: Ama a Dios sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Éste es el fundamento de toda la moral cristiana y, por lo mismo, de la doctrina social de la Iglesia que es parte de esta moral. Jesús decía que el doble mandamiento del amor no es sólo el primero y más importante de todos los mandamientos, sino también el resumen o compendio de todas las leyes de Dios y del mensaje de los profetas. La doctrina social de la Iglesia proporciona por tanto una respuesta a la pregunta: ¿Cómo debo amar a Dios y a mi prójimo dentro de mi contexto político, económico y social? Debe impregnar nuestra vida entera y conformar nuestras acciones y nuestro ambiente según el Evangelio. Éste es un principio muy importante para superar la tendencia a ver la economía y la política como algo totalmente separado de la moral, cuando de hecho es precisamente allí donde un cristiano hace que su fe influya en los asuntos temporales. El Mandamiento del amor es por lo tanto, el fundamento general de la doctrina social de la Iglesia.

 

Unidos a este primer fundamento existen los cuatro principios específicos sobre los que se apoya el edificio entero de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

 

1).- La dignidad de la persona humana: El primer principio especifico es el de la dignidad de la persona humana, que proporciona el fundamento para los derechos humanos. Para pensar correctamente sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura uno debe primero entender qué es el ser humano y cuál es su verdadero bien. Cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una dignidad inalienable y, por tanto, debe ser tratada siempre como un fin y no sólo como un medio. Cuando Jesús, usando la imagen del buen pastor, hablaba de la oveja perdida, nos enseñaba lo que Dios piensa del valor de la persona humana individual. El pastor deja a las 99 en el aprisco para buscar a la perdida. Dios no piensa en los seres humanos en masa, o en porcentajes, sino como individuos. Cada uno es precioso para él, irreemplazable.

 

En su carta encíclica CentessimusAnnus, el Papa Juan Pablo II subrayaba la centralidad de este principio: "... toda la doctrina social de la Iglesia, es la correcta concepción de la persona humana y de su valor único, porque el hombre… en la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma. En él ha impreso su imagen y semejanza, confiriéndole una dignidad incomparable" ( CentessimusAnnus, No. 11 ).

 

2).- El bien común. El segundo principio específico de la doctrina social de la Iglesia es el principio del bien común. El Concilio Vaticano II lo define como "el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección" ( Gaudium et Spes 26 y 74; y el Catecismo de la Iglesia Católica, 1906 ).

 

El bien común no es exclusivamente mío o tuyo, y no es la suma de los bienes de los individuos, sino que crea más bien un nuevo sujeto "nosotros" en el que cada uno descubre su propio bien en comunión con los demás. Por ello, el bien común no pertenece a una entidad abstracta como el estado, sino a las personas como individuos llamados a la comunión.

 

3).- Principio de Subsidiariedad. El tercer principio específico de la Doctrina Social es el principio de subsidiariedad. Fue formulado por primera vez bajo este nombre por el Papa Pío XI en su carta encíclica de 1931 "QuadragesimoAnno". Este principio nos enseña que las decisiones de la sociedad se deben tomar en el nivel más bajo posible, por tanto al nivel más cercano a los afectados por la decisión. Este principio se formuló cuando el mundo estaba amenazado por los sistemas totalitarios con sus doctrinas basadas en la subordinación del individuo a la colectividad. Nos invita a buscar soluciones para los problemas sociales en el sector privado antes que pedir al estado que interfiera. Incluso antes de la encíclica de Pío XI, el Papa León XIII mismo insistía "sobre los necesarios límites de la intervención del Estado y sobre su carácter instrumental, ya que el individuo, la familia y la sociedad son anteriores a él y el Estado mismo existe para tutelar los derechos de aquél y de éstas, y no para sofocarlos"(CentessimusAnnus, 11).

 

4).- Principio de Solidaridad: el cuarto principio especifico en que fundamenta la Doctrina Social de la Iglesia fue formulado recientemente por Juan Pablo II en su carta encíclica "Sollicitudo Rei Socialis" (1987). Este principio es el llamado principio de la solidaridad. Al hacer frente a la globalización, a la creciente interdependencia de las personas y los pueblos, debemos tener en mente que la familia humana es una. La solidaridad nos invita a incrementar nuestra sensibilidad hacia los demás, especialmente hacia quienes sufren.